Me puse a pensar un segundo sobre esto que me pasa, en que me siento “bloqueada” a la hora de escribir. Así, tipo flash. Si es porque las musas existen y están dormidas, si es porque podría haber algo de psicología en el medio y haber algo que tapa, que impide. Si es por una especie de etapa, de ciclo., y tantas otras cosas más. Y de repente, en este día, en este día que no es cualquiera, vi algo. Vi, sentí, descubrí -tantos verbos-. Pero sentí es el más fuerte.
Escribir, para mi, no es simplemente querer decir algo. Es sobre todo existir. Es dar existencia, realidad a lo inconmesurable. Y viendo, nuevamente, tantas fotos de los que ya no están, de los que fueron arrebatados, aquellas fotos también escriben. Esas imágenes de rostros, de gestos, quieren no sólo decir algo, sino que reclaman su existencia. Te miran, te miran, los sentís, y te dan unas ganas de llorar terrible, y te invade la angustia, como cuando siempre que veo una sólo foto de alguno de ellos, o como cuando abro el Página/12 y veo ahí, en un recuadro, una imagen, un reclamo, y ese nombre que te sacude como una patada eléctrica.
Y escriben no sólo sus nombres, sino que su propia vida. Pienso en los miles de silencios forzados a fusil o a profundidad del mar, en los silencios trás horas de gritos de torturas, en el silencio de tanto cómplice… y me doy cuenta -sin sorpresa alguna- que puedo escribir por ellos, como una especie de humilde ofrenda. Escribir nombrándolos, dandole más consistencia a su voz. A ellos y los que sufrimos por ellos, y pienso en mi padre que anoche hace 34 años llegaba de sufrir una dictadura para llegar a otra, y luego el resto de mi familia.
Y porque además no puedo ir más allá del sentimiento de angustia y profunda rabia. No puedo perdonar ni dejar que me resbale nada, y en especial, tanta estupidez. Sí, terrible y asquerosa estupidez. Sí, no puedo perdonar a tanto idiota que se ríe, que se pregunta para qué o por qué este día, burlonamente, que creen argumentar diciéndote “hay que juzgar de ambos bandos, no hay que mirar para un solo lado”, como si dijeran cosas iguales, como si fueran cosas equiparables, que hablan sin tener la menor idea o sin entender realmente que es, qué significa la figura de lesa humanidad. Que queriendo o no, por ignorancia o convicción, o por querer emanar tufillo a políticamente correcto, terminan justificando y defendiendo los dos demonios. No, no puedo perdonar ni aceptar eso. Muchísimas veces, la estupidez conciente o no, es imperdonable.
Y pienso sobre tanta cosa que no se dice con la fuerza que debe decirse, o se dice, pero es como que se invisibilizaran. Es sumamente molesto y poco coherente ver tanto discurso que sí, invisibiliza, que acá hubo una masacre con intensionalidad, con fines políticos, económicos. Que no se trata de que hubo una sarta de locos que lo único que querían era matar por matar, por simplemente hacer sufrir. El sadismo y el terror eran parte de la intensionalidad, pero era también el método. Algo se quería implantar. Un determinado sistema económico y social. No por nada, como recien hablábamos con uno de mis hermanos, la mayoría de los muertos, de los detenidos desaparecidos, pertenecían al peronismo, como en Chile ocurrió con los comunistas. Miles y miles de estudiantes, profesionales, laburantes, obreros, sindicalistas, que se alineaban de alguna u otra forma a eso que iba a querer ser extirpado, eliminado, arrasado. Por ello, es imprescindible no dejar de lado eso un segundo, ni dejar de mencionarlo.
Y ahora, dejo este hermoso poema de Ana María Ponce, detenida desaparecida, que escribió muchos de sus poemas desde su estadía en la ESMA:
mañana / cuando no estemos / cuando todo se haya / vuelto oscuro, / cuando no nos quede / tiempo para derrochar / ni sueño que / desgajar entre besos, / cuando mis manos / se separen de las tuyas, / y tengamos que apretar / los puños con resignación, / cuando la boca / no tenga más palabras / y las palabras desaparezcan / en un aturdido remolino, / cuando el cuerpo / deje de sentir / la permanente compañía / del miedo, / cuando los oídos / se acostumbren para siempre / al silencio, / cuando definitivamente no estemos, / mañana, / nosotros los que fuimos / vivos, / los que reímos y lloramos, / y nos alimentamos / amando, / queriendo la vida, / nosotros estaremos regresando; / y la piel será / una oscura mezcla / de tierra y piedras / y los ojos serán / un inmenso cielo, / y los brazos y los cuerpos / se juntarán sin saberlo / y este niño que quisimos / estará allí / amándonos desde lejos, / sosteniendo nuestro grito eterno / abriendo nuestro / vientre cálido / haciendo interminables y multiplicados / los puños cerrados con dolor.