Me quedé mirando por televisión hasta las 5 de la mañana, hasta el último minuto, lo que sucedía en el Senado.
Luego sentí indignación, hasta repulsión.
Cualquiera sabe, cualquiera que no sólo tenga, sino que quiera tener una capacidad de lectura política limpia y concreta, sabe que todo esto ya no es parte de un simple debate sobre lo que hubiera sido una eventual ley, no es una simple discusión sobre “retenciones móviles”, no es una simple (pero muy importante) discusión de intereses meramente económicos. No, todo aquello es parte esencial, pero no un principio. El eje del debate, que como se sabe trascendió hacia el interés de la población en general, es un tema de poder. Claro que se ha dicho, se escuchó en el debate de anoche y durante mucho tiempo, pero ciertos actores de la cuestión lo ocultan bajo imágenes democráticas. Para ellos, la democracia no es más que una enorme fachada a la cual recurrir de manera deplorablemente oportunista a fin de justificar lo que no dicen de boca para afuera, excepto en esos momentos en que es más que visible y obvio ver de que lado plantean sus posiciones. La filosofía del bolsillo lleno no es una filosofía a la que le guste ser mostrada.
La convicción debe ser algo que, por una cuestión fundamentalmente de ética y respeto hacia uno mismo en primer lugar, no debe cederse. Mientras escuchaba la patética y tibia argumentación de Cobos, mientras veía como la voz se le quebraba y temblaba, como si no tuviera una sola gota de sangre caliente en las venas, se deduce de manera pasmosa su falta concreta de convicción, de compromiso real. No supo ni quiso asumir el puesto que por lejos le queda muy grande. Y esto lo sostengo tanto como si hubiera votado a favor o en contra.
La traición es algo que genera un abismo prácticamente insalvable entre las partes, sean estas partes el ejemplo que quieran ponerle. Una cosa es la autonomía que cada persona pueda tener respecto a su conciencia, y otra cosa es que bajo este impreciso pretexto se trate de justificar lo injustificable, y sobre todo, la traición hacia la parte a la cual pertenece por base. Más allá de que es un acto de obtusidad política, lo del vicepresidente es un gesto de traición, de falta de fidelidad tajante al proyecto que se votó en octubre del año pasado. Como se dijo anoche también, para la foto y las fórmulas eventualmente ganadoras, todos quieren estar. Como él, que es inevitable que no sepa, al igual que la gran mayoría sabemos que esto trasciende más allá de lo económico, se sabe que esto ayuda a socavar en cierta manera la fortaleza del gobierno, como una forma de fisura interna, algo que es parte de lo que básicamente la oposición busca. Esta oposición que carecía de un proyecto concreto y que aún carece de éste, pero sobre todo de una fuerza real, vio y ve en este tipo de situaciones sociales y en estas determinaciones la manera de actuar, que por sí sola como facción no poseen. Políticamente lamentable.
Ver a Vilma Ripoll del MST , cantando el Himno junto a los miembros de la Socieda Rural, de la Federación Agraria, ver esas banderas rojas junto al sector que jamás ha pretendido defender los intereses que supuestamente gente del socialismo o del mamarracho en el que se ha convertido gran parte de la izquierda argentina dicen defender, es no sólo lamentable, sino que es indignante.
Ver como en gran parte de los monopólicos medios de comunicación se divide la imagen en “el campo” y “militantes K”, como si el “campo” fuera un absoluto, un sector homogéneo en donde se levanta la bucólica imagen del trabajador de sol a sol, que trabaja la tierra estoicamente, cuando en realidad más del 80% son arrendatarios y no productores, es decir que obtienen la ganancia del arrendamiento de las tierras, cuando el que realmente trabaja es aquel que produce esa tierra, aquel que gasta e invierte en el desarrollo de este arrendamiento, y detrás ellos, los pequeños y medianos productores, utilizados como imagen de “el campo”. Tampoco hablar de los desastres que provoca la sojización en el suelo, ni de la amenaza que esto significa a la ganadería, ni menos de la manera en que la mayoría de los trabajadores del campo (sin comillas) viven y son explotados, trabajando por supuesto en negro. No, de eso no hablar sino que tan sólo al pasar, porque no cuadra con la etérea imagen de la Patria que es el “campo” (Patria = Campo, ergo: Gente que apoya al Gobierno = no son Patria. Esta lógica de antagonismos sociales que usa la mayoría de estos sectores es de un inquietante contenido fascita). Y del otro lado serían los “militantes K”, como si esto también fuera un absoluto, en donde se sobreentiende para aquel que utiliza este tipo de antinomias a modo de segmentar la temática y el manejo de la información, que allí no caben actores independientes, sino que la mayoría es gente comprada, presionada, sometida al discurso oficialista y que por no tener mayor participación mediática, son entes prácticamente invisibles. Por ello, para esta alabada “prensa independiente” en Palermo había oficialmente “unas 200 mil personas” y en Congreso “apenas 95 mil”. Un dato curioso para agregar a estos insidiosos y tendenciosos planteamientos de los medios en general, es que nunca se discute si tal o tal diputado o senador, por ejemplo si votó en contra, no fue sometido a algún tipo de presión por gente del “campo” para que decida de esa manera, pero cuando se trata de analizar el voto de los oficialistas, siempre es bajo la lupa del que ya se asume que por medio de dinero, etc., se abstiene de votar en contra. Por supuesto, cuando muestran los ataques de “la gente del campo” en contra de algún funcionario son actos justificables y de enojo de seres civilizados, embanderados con una “causa justa”, pero si muestran a los “gronchitos” que apoyan al Gobierno, y por extensión a cualquiera que lo haga sin que necesariamente deba posicionarse bajo una bandera en particular, discutiendo o cometiendo algún incidente (según esto, siempre provocado por ellos mismos claro, eso es algo que subyace a su condición) son actos de barbarie, de gente prepotente y soez. Si la gente no logra ver, entra tantas cosas más, el altísimo contenido de clasismo y discriminación en este tipo de planteamientos con los que se ametralla desde gran parte de los medios, y por parte de gente como Mario Llambías, que días antes del acto del martes dijo algo como ” Estaremos de ese lado, en el Monumento a los Españoles, enfrente queda el Zoológico”, en obvia referencia a la marcha convocada por Kirchner, es porque como sociedad tenemos que ser consecuentes en cuanto a autocríticas, para la cual no es necesario ser militante de un partido u organización social, sino simplemente asumir la hipocresía que se engulle por falta de conciencia y tratar de superarlo.
Pensar que esto parte de la discusión sobre un impuesto que se les cobra en base a una renta extraordinaria, pensar que votaron en parte a favor de gente que fue capaz de arrojar impunemente litros y litros de leche, que dejó pudrir alimentos, que se creyeron con el derecho de desabastecer a su antojo a la población, provocando escasez y aumento de precios, de gente como el energúmeno de De Angeli (mote que acertadamente Horacio Vertbisky le dio) que es capaz de decir cosas como “si la gente quiere comer carne, que pague 80 pesos”. Sí, Patria hermosa y grande aquella en la que alimentos básicos y que por derecho deben acceder todos por igual, sean sólo accesibles para los sectores más ricos del país, es indignante, es repulsivo. Pensar que en base a eso también son capaces de hablar de “tiranía”, de “autoritarismo”, cuando aún a pesar de que hayan cortado rutas por tanto tiempo y de manera absolutamente impune, a costa del derecho del resto de la gente, provocando lo mencionado y tantas cosas más, el Gobierno mantuvo su posición de no reprimir (cuando en realidad la represión es una herramienta legal del Estado, pero no la represión de “pegar palos”, connotación inevitable, sino represión en el sentido del derecho del Estado a imponer orden cuando se transgreden derechos civiles y constitucionales), es deleznable y absurdo. Claro, también es importante el ver como con todo lo que se muestre a “populismo”, el peronismo de derecha, y el resto de la derecha más ensoberbiada y acérrima (más que nunca en estos tiempos) se levanta con una furia que ya casi no es necesario dar detalles, por más que se la intente mostrar por medio de ostentosas generalizaciones de planteos como los de “una enfurecida sociedad en contra de un Gobierno autoritario y populista”. Para ellos es la perversión de un Estado intervensionista. No es perverso para ellos la amigable mano invisible del mercado (detalle: qué descaro el de Menem, hasta lo risible, el verlo decir “el neoliberalismo de los ‘90, inexistente por supuesto”). Lógicamente, para muchos este planteamiento de mi parte es como si mi inteligencia y consciencia estuvieran saboteadas por la manipulación discursiva de la “soberbia mujer” de Cristina, pero la independencia de criterio estaría a la orden del día cuando el que habla es alguien que golpeaba una linda cacerola por el caótico y terrible estado del país.
Sí, la democracia no sólo se trata del ejercicio del derecho de discusión y el planteo abierto de debates para determinados fines, expresándose esto ya sea por urnas o por el medio social que sea, sino también en un concepto real de ella, en su constante defensa, y en dónde no es necesario ni lógico que esto signifique entrar en círculos viciosos. Pero la democracia deja de ser tal cuando se la toma como un mero juego estratégico, en donde las reglas que se imponen se acatan cuando convienen a los intereses propios. Si se basa en base a esto último, lamentablemente la democracia muchas veces es más que nada una utopía y un ideal. Pero de todas formas, inquebrantablemente defendible. Por eso, no es que se discuta el derecho que como persona tiene Cobos, de disenso o de disidencia, sino que se discute la falta de visión y de evidente falta de compromiso que tuvo con respecto al optar por ir en contra de algo que habría de ayudar a la democracia al mantener una posición que defiende básicamente los intereses populares, sin dejando de tomar en cuenta al resto de los sectores sociales. Por ello es una traición, traición política y social. La Historia es y será testigo de este tipo de vicitudes. No te preocupes Cobos, la Historia si te juzgará por eso, pero ésta te pasará de todas formas por encima.









"- No me importa mucho el sitio... - dijo Alicia.
- Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes - dijo el Gato.
- ... siempre que llegue a alguna parte - añadió Alicia como explicación.
Jajaja, no podemos estar más en desacuerdo
Mientras escuchaba la patética y tibia argumentación de Cobos, mientras veía como la voz se le quebraba y temblaba, como si no tuviera una sola gota de sangre caliente en las venas, se deduce de manera pasmosa su falta concreta de convicción, de compromiso real. No supo ni quiso asumir el puesto que por lejos le queda muy grande.
Y esto, es injusto. En un gobierno tan opresivo y personalista como el actual, si hay algo que parece innegable es el valor necesario para llevar la contraria. Y en general.
Se necesita valor para enfrentarse a los enemigos, pero mucho, mucho más, para enfrentarse a los amigos.
No pondría sobre la mesa el tema de si las retenciones son o no correctas, pero el marco político en general, este tipo de sucesos, y la dificultad que tienen ambas partes de dialogar sin provocar este quilombo de 120 días, sí me parece discutible; y es así donde realmente cuestiono al gobierno. Es posible, al menos, no ser tan cínico y demoledor en los discursos.
Guardar las formas no es una cuestión de hipocresía, es una cuestión de humanidad, de hacer posible el diálogo. Cuando habla un arma no hablan dos, y cuando se lanza un insulto mueren los argumentos.
Creo que naturalmente, el diálogo poco crudo da espacio a un montón de gente que no tiene compromiso. Pero el monólogo duro es sólo el otro extremo.
Im-pe-ca-ble.
Completamente de acuerdo con todo lo que decis, realmente alegra ver personas como vos n_n
Bueno, muy lindo tu blog, me voy a estar pasando seguido =)
Nos vemos, cyaa!
Tom.
Muchas gracias Tom, me alegro mucho…
Pasá cuando quieras por estos lados
Saludos