consumismo_3_1173934933No, querido… entendé, no me interesa tu nueva PC, ni tu nuevo Ipod ni cuanto chiche tengas… nono, tampoco tu billetera ni ninguna sonrisa de plástico…no, entendé, tu auto ni tu casa tampoco, nada de todo eso que sea algo así como la cosificación de tu ego… qué no, dije que no, no, querido… querida, vos tampoco. No, no me interesa ni tu fanatismo por las carteras, ni por cuanta boludez sea reconocida noticia del día para así calmar tus ansias de cholulaje. Qué no, dije que no envidio ni tus tetas ni tu culo que de tanto relleno te ponés al sol y te derretís… nono, ¿envidiosa yo?

No, entendé, no me pienso casar ni nunca me soñé vestida de glamoroso y artificial blanco y reconfortarme pensando en una familia ideal en su simetría. No sueño con lujosas casas ni me deslumbra pensar en que algún día podría tener una y sentirme satisfecha. No deseo atiborrarme de cosas con esa clase de afán esnobista idiotizador. Veo demasiada gente engullendo libros de autoayuda cuando sienten que su centro de gravedad en verdad no es su 4 x 4. Debo decirlo, siempre he odiado ese tipo de libros. Y ese tipo de gente (sí, necesito decir “tipo de gente” porque estoy hablando de algo fenoménico) tiende a ser realmente odiosa muchas veces. Su mentalidad se siente rebosada con una especie de extraño éxtasis autocomplaciente, en donde su cándida tibieza existencial por un momento se rompe, haciendo una pequeña grieta, en donde ¡oh!, se encuentra el resto del mundo, el resto de la gente, el resto de lo que sigue girando aunque ellos tantas veces se nieguen a sentirlo y a verlo.
El otro día, leyendo en uno de los suplementos de Página/12 sobre la charla- presentación de uno de los últimos libros de José Pablo Feinmann (Timote), Guillermo Saccomanno hace, en una pequeña reseña del libro y en cierta manera del mismo Feimann, una muy interesante mirada en la que realmente concuerdo (y extraigo únicamente la esencia de la idea, para no desfigurar lo que digo en base a algo que hace referencia a otro tema): “la idea de la filosofía como recurso de ahogados. Porque cuando una estructura social se resquebraja saltan a la vista dos reacciones: el agarrarse a una fe o el encontrar un pensamiento que justifique mi existencia“. Precisamente, y para concretar la pregunta con un ejemplo entre tantos, exténdiendo sin forzar para nada la idea de filosofía: ¿qué hace cierta gente cuando su fe plástica se vacía de su seudo significado compensador de todo vacío, de toda incomodidad? Por ejemplo, muchos terminan idolatrando a Marcos Aguinis – en especial “¡Pobre patria mía!”, su último libro que encabeza, inquietantemente, las listas de ranking-, en donde una fe panfletaria expresada como pensamiento político se refugia. ¿O no es esa fe que reside en un ideal que representa la apoteosis materialista por excelencia? Pero no sólo materialista en el plano de lo concreto reflejado en términos de “cosas”, sino materialista por lo que encierra como sustento ideológico. Es preciso que ciertas estructuras, cierto pensamiento y cierta noción de sociedad se sustenten en base a una determinada cultura que exalte lo que se supone sustancial. En que tanta gente que obviamente se sienta identificada con alguien que reivindica de tal forma el peor neoliberalismo, no sólo se identifica una identidad de pertenencia social, y no sólo como algo que se expresa en términos de lo que se gana o pierde, sino que es la expresión más pura de un ideal, de una mentalidad determinada que lucha por perpetuarse. Y como se sabe, lo que más cuesta que cambien son las mentalidades. No importa que alguien que enmascarado detrás de de la más pura labia psicoanalítica y del moralismo más insustancial sea capaz de decir: “Bueno, es que a los pobres se los lleva con el chori…”, tras una de las preguntas del periodista de la revista Veintitrés (en su edición del 6 de mayo). Por supuesto, está reproduciendo uno de los lugares comunes por excelencia del discurso de cierto sector de la sociedad: el que la gente humilde parece haber sufrido una lobotomía, ya que al parecer no tiene ideas ni pensamientos ni muchísimo menos algún tipo de voluntad para decidir autónomamente. Su consciencia vale lo que vale un choripán. ¿Barato, no?

Y esa misma gente, así como otra, se suma a cierta espeluznante idolatría asitdowntragedy todo tipo de personajes. Personajes como Fernando Peña, perfecto ejemplo que encarna una pretendida imagen de la transgresión. Pero sí, transgresión que termina siendo el peor estereotipo posible. Detrás de una insoportable parafernalia de supuesta insurgencia, se encuentra el doble discurso más hipócrita. Para detallarlo mejor, pienso que es buena idea hacer una analogía con uno de los geniales personajes de Diego Capussotto: Micky Vainilla.

“Yo sólo hago pop para divertirme”, dice Micky Vainilla ante cualquier tipo de crítica a su música y sus significantes. Porque no pareciera importar ni determinar nada lo ostentoso que sea su clara postura ideológica, ni que en verdad sea un hecho y una realidad demasiado visibles y obvias el que enarbole determinadas frases, símbolos, conceptos. No determina que erija su brazo para hacer el saludo nazi o diga “si el morocho es el que limpia el baño, está todo bien”. Porque para él eso no lo identifica hasta que él en verdad lo admita así. Esa obvia y transparente realidad no es hasta que él lo determiné como tal. Porque sustancialmente su personaje se basa en la negación. He ahí el meollo de lo que como personaje trata de decir. En como una aparente falta de autoetiquetación es capaz de justificar el auto absolverse. El solamente hace pop, porque aquello es la validación de su discurso, no el que diga “sí, reivindico el nazismo”.

Parece una obviedad, pero en realidad no lo es.1216940357029_f

El discurso seudo pacifista de Fernando Peña es su modo de decir “yo solamente hago pop” en el caso de Micky Vainilla. No es necesario que Peña diga “yo odio” para demostrar que en realidad sí está cargado de un pasmoso odio. Jugar con lo obvio es una buena manera de eludir el hacerse cargo de lo que uno en verdad quiere dar a entender. Es un facilismo que en el fondo sólo termina por dar a entender que se está haciendo gala de un verborrea digna de un gran sofista. Me hace acordar a la frase rosa de tantas miss Universo: “quiero paz en el mundo”. ¿Qué significa realmente esa paz, y más aún, cómo se llega a ella? Lo que queda en el medio es un enorme vacío, pero la frase queda. Es fácil arrojar consignas al aire y dejar que hablen por su propio peso aparente, pero en realidad lo complejo e importantísimo de hacer y analizar es de qué forma éstas se relacionan y originan con cosas realmente concretas.Recordando el cruce entre él y Luis D’Elía: Para Peña es más sustancialmente importante la etiqueta que el contenido, porque es más determinante el que diga ante el que dice directamente “sí, yo odio” el “no, es que a mi no me enseñaron a odiar, yo no odio”, porque en esa dicotomía de argumentos, para el que se refugie en la tibieza de lo políticamente correcto, más peso y argumento va a tener su “no odio”, ya que al parecer no contiene violencia alguna. Pero, ¿realmente no contiene violencia alguna? La hipocresía bajo la cual se escuda y el hacer eco del discurso idiotizante es de una violencia espantosa.

Y cualquier recurso parece válido, hasta los más groseros en su disparates: él, a modo de defender que él en verdad no hace ningún tipo de discriminación dijo: “mirá, yo tengo a una de mis hermanas casadas con un negro africano”. Esto es un absurdo total, porque bien se sabe que lo que se discute en este punto no se trata del color de piel ni de ascendencia o no de una cierta “raza”, sino que lo que se discute es un significante específico. Podés ser rubio y de ojos azules, pero vivir en una villa, y para los que dicen “negritos de mierda” no vas a dejar de serlo porque seas rubio y de ojos azules. La estigmatización no pasa por ahí, sino por la pertenencia social que tenés. Negar esto es querer aparentar una especie de ingenuidad política acorde a una supuesta falta de partido en X cuestión, y por ende, simular una neutralidad inexistente. Pero sobre todo, negar esto es validar el propio discurso de la negación de toda problemática social: el pobre no existe, sino que el pobre es la representación de aquellos que no se insertan el sistema, no porque no puedan, sino porque no son capaces de ello. La delincuencia no es fruto de nada, sino que es una condición inherente a tu posición (como si los más privilegiados no robaran ni mataran). Para terminar, permítamente entonces el compartir con un ustedes un hermoso aforismo oriental que viene muy acorde al tema, sin que se haga necesario en lo absoluto explicar el por qué:

“Toda cualidad en el rico es considerada un defecto en el pobre: si el pobre es valiente, se le llama temerario; si es generoso, se lo trata de pródigo; si es indulgente, es tomado por un débil: elocuente, se lo considera un charlatán; silencioso, se lo encuentra torpe.” Ibn Al Muqaffa.

¿O acaso es necesario?

5 Responses to “Cosificación existencial”

  1. dario Says:

    La verdad es que no se si se puede agregar algo más. Es una discusión que muchas veces entablo con ciertos personajes en la oficina que me cuestionan el hecho de que ande en bicicleta pudiendo andar en auto, o que no tenga celular si todos lo tienen. Yo se que es muy difícil salir de este sistema, Pero comparto con vos em el sentido que no tengo esas ambiciones. Y por supuesto, esa traducción que despues deviene en el discurso en banale s posturas ideológicas.

  2. Leis Says:

    Bien. No entendí mucho, pero creo que sé adonde apuntás. El problema, creo, reside en que el sistema nos impuso modelos de “rebeldía” o “transgresión” que no son tales, son más de lo mismo, es gatopardismo puro. Y en el caso de Peña, es más siniestro, porque se escuda en el hecho artístico para decís las cosas más denigrantes que se te ocurran. Un asco de tipo. A mí nunca me gustó.
    Excelente post, como siempre.

    PD: Che no es por nada no?, pero veo, por tus links recomendables, que te gustan los desnudos artísticos. Y de señoritas. Me puede explicar esto, Srta. Natiuska?

    • Natasha Says:

      Ey, me gustaría saber qué es lo que no entendiste bien, me interesa saberlo :) De todas formas lo que decís tiene mucho que ver, claramente, con lo que expuse, por lo que te aviso, perdido no estás.
      Gracias compañero :D

      Ah, y en cuanto a tu PD: Siempre me ha gustado muchísimo la fotografía, y la fotografía artística con desnudos, en este caso y específicamente con mucho del material que aparece en esa página por ejemplo, me es muy interesante y bello. Las fotos artísticas con mujeres (decirlo así suena muy abstracto, ya que hay de todo, cosas realmente banales y sólo vulgares y poco trascendentes, sólo casi puro exhibicionismo, y por otro lado hay muchas cosas en ese sentido totalmente distintas y destacables) cuando están bien logradas, son realmente admirables. Aunque lo extiendo también a lo que hace referencia a los hombres.
      Espero que le satisfaga mi respuesta jajajajaj :P

  3. Leis Says:

    “hay muchas cosas en ese sentido (…) destacables (…) , son realmente admirables..”
    Te referías a que tmb hay desnudos de hombres?? Algo en específico?? Pssssss…. …. no le des bola, seguro que es todo photoshop jeje

    PD: dije que en líneas generales entendí el post, pasa que a veces por ahí usás palabras que me escapan, y me pierdo un poco. No tiene nada que ver con vos.

  4. Natasha Says:

    Jajaja, curiosas las líneas entre comillas :P

    Ahhh, está bien, no dije nada xD


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